martes, 18 de julio de 2017

Sin Norte. Antología Literaria. Entrevista a Julián Ospina, compilador.



La literatura es un viaje más que un rumbo, así el rumbo sea una publicación. Lo importante es el trayecto, es decir, el viaje. En tal medida, lo esencial es la escritura de los textos. Por tanto, es de celebrar que existan personas como Rosalba Jaramillo, Yamile Carmona y Ligia Cecilia Alzate que en sus ratos de soledad rayen las hojas en blanco y se atrevan a escribir, tarea nada fácil.
A estas tres mujeres les abrimos un espacio desde la Biblioteca Jacinto Benavente para mostrar sus textos. Son una pequeña muestra de dos poemas y un cuento, que celebramos con esta publicación digital. Se aclara que estos textos no fueron incluidos en la versión impresa por criterios editoriales que se explican en el prólogo del libro. Asimismo, el libro físico será promocionado en Gira la lectura, Fiesta de la Literatura Local 2017, Girardota, en su segunda versión, el 28 de Julio en el Kiosco Principal de Girardota. ¡Los esperamos!





El campo
Por: Rosalba Jaramillo Álvarez

Papá Dios nos regaló el maravilloso campo
que es la bellísima zona rural
y en él, toda variedad de cultivo,
el campesino, sin temor, puede cosechar.

Ofrece extensas y fértiles montañas
con variadísima vegetación y árboles frutales
regado por caudalosos ríos y cristalinas quebradas
donde hay riqueza mineral y variedad de animales.



¿A dónde vamos a parar?
Por: Yamile Carmona Jaramillo

Dónde vamos a parar, ataca la sociedad,
te esclaviza el consumismo, la mentira y el poder
acaso la solución será una gran orfandad
con temor a equivocarse todos tiran a perder.

Vamos tras una ceguera que guía con avaricia.
Y sin más preámbulo cae todo aquel que se envicia.
Lo esencial desaparece
y el corazón se enceguece.

Pero qué estamos pensando .
Exhaustos ya del zangón
esta vida va pasando
carrereada y sin sazón.

Alguna vez lo dijeron, se ve lo esencial con el corazón
y hoy urge repetirlo para no extraviar el timón
ya que la vida se encarga de cobrar lo no vivido
por eso hermano ven conmigo a disfrutar sin tanto ruido.



Niños de río 
Por: Ligia Cecilia Alzate Suárez 

Son las 11:45, casi medio día y la maestra no termina. Esos números tan pequeños, no alcanzo a ver nada.
Hoy no vino Mena, y le dije que iríamos al río, no importa la pela de ayer, hoy tenemos más sol, más agua.
11:50, ese reloj no avanza, ahora una actividad, noooo. 

Seguro ya llegaron los otros, los grandes, hay que marcar territorio, o les haremos lo mismo de siempre. 11:59, por favor, que termine, me sudan las manos, busco a Palacios por todos lados y de pronto una voz: “¡Yinin!”. Lo que faltaba, el último regaño del día. 
–¿Usted por qué no está copiando? –Me preguntan– ¿Qué se le ha perdido?– Voy a enviarle una nota a su mamá para que se entere. Usted no puede seguir así sin hacer tareas.
¡Lo que faltaba! Que me dejaran después de clase, y yo con este calor.
Palacios me espera, Mosquera también. Yo impaciente mientras la maestra escribe la nota.
Con caligrafía casi exquisita que ni entiendo, ojalá mi mamá tampoco, deja en mi cuaderno unas cinco líneas y me pide que lo traiga al día siguiente y firmado. Jum… ¿Será que mi mamá sí sabe firmar?
Por fin, 12:15, salimos corriendo, alegres, el corazón a mil, nos estorba todo.
El hambre, el cansancio, el susto, todo se desvanece, cinco minutos más y llegaremos.
Por fin, ahí está, majestuoso, amigable. Dejamos todo en la orilla: la mochila, los zapatos, el uniforme ¡Y al agua!
Es la mayor felicidad, el río nos lleva como un murmullo, un buen recorrido.
Mosquera va adelante, Palacios atrás. Desde la orilla a veces algún anciano nos mira: “Estos muchachos, tengan cuidado”. Y ni contestamos. No sé si sabemos nadar, o si el río nos enseñó.
Tal vez ha sido el mejor maestro, porque antes que estudiantes o hijos, somos niños de río.
Llega el atardecer, buscamos nuestra ropa en la orilla, repetidas veces el río nos arrastró, y nosotros regresamos allí, y todo en orden.
Ahora entre charlas nos vestimos, de repente… veo mi mochila, viene lo más duro del día, la nota de la maestra.
Ya no importa tanto, mañana será otro día, a esperar que pase la escuela y de nuevo al río. Él curará mis heridas, hoy de seguro me castigan.



                          





martes, 4 de julio de 2017

Los Relicarios, el único legado grato que recuerdo del abuelo, homenaje a José Muñoz



Invitamos a la comunidad de Girardota al homenaje que se le hará a don José Muñoz, integrante de Los Relicarios. La cita es para el 14 de Julio en la plazoleta del parque principal de Girardota, de 6:00 pm a 8:00 pm. Además, nos acompañará el grupo: Los amigos de la compañía ALICO. S.A. 

En las mañanas, antes de irme para el colegio, el abuelo nos despertaba a todos con su respiración de toro salvaje que iba mermando después de prender la radio, a alto volumen, y buscar en alguna emisora canciones de los Relicarios. 

Esa música me sonaba como un chirrido estridente. Lo curioso, era que calmaba al abuelo. Ejercía sobre él un poder maravilloso. Tanto, que después de un par de canciones empezaba a contar historias. Una de ellas era que había visto a Los Relicarios cantar y eso le había cambiado la vida. Fue cuando se animó a formar un dueto y empezó a ir a reuniones sociales. Lo que más le gustaba era que había licor gratis y que podía robarse alguna mujer. Así hizo con la abuela, con quien tuvo ocho hijos. 

El abuelo persistió en ser una encarnación de la letra de esa música montañera, o campirana, o carrilera, o guasca, que se especializa en la tristeza, el dolor, el despecho. Hablaba con nostalgia, como un preso de la libertad, sobre esos mundos perdidos en las borracheras, esos males de amor gritados en las plazas de mercado, esos jinetes heridos de corazón entre racimos de plátanos o bultos de café, esos hombres abrumados por un dolor que no entienden y que desean lavar con aguardiente o con lagunas mentales. 

El abuelo se quedó con las adaptaciones de los ritmos sureños (corridos de México; pasillos y valses de Ecuador; tangos, pasillos y valses de Argentina) interpretados por los campesinos antioqueños. Música que empezó a tomar fuerza después de la inauguración del Ferrocarril de Antioquia en 1929. En las estaciones se realizaron fiestas que duraban varios días. De esas, narró el abuelo, en la estación Palomos, en Fredonia, se armaban tales peleas que el machete enarbolado era el símbolo de virilidad que a más de uno dejó sin extremidades. Pero fue a partir de 1940 que esta música empezó a sonar con fuerza. 

Sin embargo, no es hasta 1952 que surge, tal vez, el dueto que hoy en día más representa la música campesina. Hablo de Los Relicarios, el dueto que ha influenciado a miles de personas. Canciones como: Entrega­do a las copas, Al diablo con tu orgullo, Todos seremos igua­les, Voy a tomar aguardiente, No sé rogar, No te quise, Mal­dito dinero, Dime que me esperas, En otro tiempo, Huérfano desde niño, El Cristo de oro, Te quiero aunque seas casada, Te voy a borrar, Bien aburrido, Maldigo mi destino, Triste sin madre, Soy un bohemio, La medallita de oro, La malagradecida, El dolor de un hombre, entre otras, pues llevan más de 1300 canciones grabadas. Estas canciones representan los sentimientos que emergen en las montañas y de alguna manera, como sucedió con el abuelo, los calma o los precipita al abismo. Pues, los sentimientos son como caballos indómitos que arrastran la razón y sobre todo, empantanan ciertos tramos de la historia. Sentimientos oscurecidos por el licor, la aventura, la traición y la errancia. 

Años después, por cosas del destino, me encontré con José Muñoz en la Biblioteca de Girardota y lo entrevisté para el blog, días antes de que muriera su compañero de fórmula: Germán Rengifo. La idea era hablar con don José  como antesala al homenaje que se le hará en la plazoleta del parque principal de Girardota. 

José nació en Bello (Antioquia), y se levantó en la vereda El barro de Girardota. Por lo que cuando entró a la Biblioteca, al enterarme de que era de Los Relicarios, le propuse que habláramos. Era curioso, sentía que ya lo conocía. Tal vez por ello, las letras de sus canciones me dieron otra mirada de la historia, una que permitió ver más a fondo al abuelo. Era como si reviviera la misma escena, pero con más recursos lingüísticos para narrarla. ¡Cómo hubiera disfrutado el abuelo, si aún viviera, haber hablado con don José! Pues Don José entendió, así sus canciones sean una epifanía al alcohol, que el trago es más una postura estilística, gastada, artificial que lo único que hace, al final, es expandir la herida en los seres cercanos y amados. Por ello, don José lo dejó para continuar con Los Relicarios y seguir componiendo. 

A sus 85 años cuenta con más de 5 mil composiciones grabadas. Estuvo más de 60 años con Germán Rengifo. Ellos, Los Relicarios, son, por decirlo de algún modo, la tierra hecha música de varias generaciones. Pareciera que este encuentro con don José fue una cita anunciada por el abuelo hace más de 25 años.

jueves, 1 de junio de 2017

Gira la Lectura Fiesta de la Literatura Local, Girardota 2017



 “Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro” Emily Dickinson


Se parte de que Girardota es un municipio rico en actores y expresiones culturales, existe un gremio formado profesionalmente y con amplia experiencia en la creación y producción de productos culturales. Esos activos culturales tienen unas características y unos desarrollos que han posibilitado la consolidación de cualidades como la capacidad de liderazgo y de trabajo con comunidades, la sana autocrítica de sí mismos y del entorno, y la generación de iniciativas y propuestas artísticas de alto nivel estético. En tal medida, GIRA LA LECTURA - FIESTA DE LA LITERATURA LOCAL, en su segunda versión, es un encuentro de la comunidad en torno al libro y a la palabra oral y escrita para la sensibilización, el contacto, reconocimiento, recreación y discusión académica de la literatura como eje transversal de una transformación social hacia la convivencia pacífica.


Una de las apuestas para este año es la publicación de un libro, para los que deseen participar, a continuación las bases: 

CONVOCATORIA ABIERTA PARA LA PUBLICACIÓN DE UN TEXTO LITERARIO: POEMA, CUENTO O ARTÍCULO DE OPINIÓN EN EL MARCO DE LA SEGUNDA FIESTA DE LA LITERATURA LOCAL “GIRA LA LECTURA” GIRARDOTA 2017

BASES

El municipio de Girardota, desde la Subsecretaría de Cultura y la Biblioteca Pública Municipal, convoca a los escritores y a personas amantes de la escritura que vivan en Girardota o nacidos en Girardota que residan fuera del municipio para que se animen a compartir sus creaciones literarias: poesía, cuento y artículo de opinión, con el fin de realizar una publicación que se promocionará en la Fiesta de la Literatura Local Gira la Lectura 2017.

1.Podrán participar todas las personas nacidas en Girardota, residentes dentro o fuera del municipio enviando de 1 a 3 poemas, cuentos o artículo de opinión, con el fin de publicarlos y compartirlos en el marco de la segunda Fiesta de la Literatura Local Gira la Lectura 2017.

2. Los textos seleccionados serán publicados y se hará un lanzamiento en el marco de la segunda Fiesta de la Literatura Local Gira la Lectura 2017. El libro será distribuido en el municipio de Girardota y en sus diferentes instituciones dedicadas a promover el arte y la cultura. También a los visitantes y participantes en Gira la Lectura 2017.

3. Cada participante podrá enviar máximo tres textos ya sea poema, cuento o artículo de opinión. El poema tendrá máximo dos cuartillas, el cuento no debe superar las 800 palabras, lo mismo el texto de opinión, temática libre y en español. En formato Word, tipo de letra Arial 12, interlineado 1.5, firmado con su nombre y una breve descripción del autor no superior a las 200 palabras donde incluya ocupación, libros publicados (sí es el caso) y estudios.

4. Habrá plazo para el envío de los textos hasta el 10 de junio del 2017, vía correo electrónico giralectura@gmail.com hasta las 7:00 pm. Después de ese plazo el texto que se envíe no será tomado en cuenta para la publicación. Esto, con el fin de tener el tiempo suficiente para edición, corrección, diagramación, diseño y publicación.

5. La selección de textos estará a cargo de un escritor del municipio que prologará la publicación y escogerá los textos pertinentes a ser publicados, teniendo en cuenta los parámetros presentados en las bases. Para la selección de los textos se partirá desde la coherencia y cohesión de las ideas, la redacción, la ortografía y su aporte a la trayectoria literaria del municipio.

6. El hecho de presentarse a la presente convocatoria implica la aceptación incondicional de todas y cada una de sus bases y ceder los derechos de autor del texto para esta única publicación.

martes, 9 de mayo de 2017

Girardota imaginado, desde la mirada de los niños y niñas de la Institución Tamborines



Desde la Biblioteca Pública Municipal de Girardota, en el trabajo de primera infancia, se le apuesta a la apropiación del territorio. Pues, el territorio se conoce andando. Por tal motivo, los niños y niñas de Tamborines realizaron un proyecto de representación del territorio en varias secciones. 

Lo primero que se hizo fue contar algunos cuentos donde los personajes se pasearan por el parque de Girardota. Cuentos como Donde vive el tiempo de Vladimir Skutina, Oscar y la gata de medianoche Lóguez de Ron Brooks, entre otros, permitieron transformar sus escenarios para que la historia se ubicara en un lugar conocido. 


Después se organizó un recorrido por el parque de Girardota. Los infantes, acompañados de sus docentes, estuvieron en la Alcaldía, en el Kiosco Principal Girardota, Serranilla Plaza, en la Farmacia La Rebaja y en la Catedral. En cada lugar un adulto los recibía y les hablaba de su trabajo y negocio. La idea era que los infantes reconocieran los lugares que sus padres habitan y que a veces, por ser tan cotidianos, dejan de verse como sitios de socialización, de conversación, de relacionarse con el otro. 



Por último, los niños y las niñas representaron el parque y lo que allí consideraron pertinente de pintar en la cartografía social que hicimos en el salón de clases. La docente, como una niña líder, dirigió a sus alumnos en la representación de los lugares que visitaron. Pues, el territorio se reconoce caminando. Con crayolas, colores, colbón, aserrín, papel globo, papel periódico le dieron vida a un municipio que se pinta de colores en la mirada de los niños y niñas. Pues cuando dos niños se miran el mundo se transforma. Con la cartografía social se pretendía apropiar a los niños y niñas del espacio que habitan. 



Por tal motivo, este ejercicio partió desde la experiencia del infante para que fuera percibiendo que la lectura parte es desde un placer y el placer busca aquello que nos gusta. En tal medida, la intención es emocionar al niño y la niña porque cuando se incluye la emoción en los ejercicios de promoción de lectura la lectura cobra otro sentido, uno más cercano, más desde el interés e imaginación del infante. 

viernes, 16 de diciembre de 2016

Víctor Villa Mejía y su mirada de las fiestas de la danza y el sainete en Girardota


Victor Villa es autor de varios libros entre ellos: Pre-ocupaciones, Poli-sinfonías y Sobre entendidos, el último que publicó fue  Sainete: del entremés al musidrama. Además,  es un lingüista activo, así se haya jubilado en el 2010 de la Universidad de Antioquia.


Víctor Villa es girardotano.  Tiene dos hijos. Desde que se jubiló lee en Internet columnistas de la prensa nacional. Después siembra y ve la televisión. 

Cada vez sale menos de su casa. Y cuando sale lo hace a cosas muy precisas. Una de esas salidas de Victor fue a la Biblioteca Pública Municipal de Girardota. Aunque la frecuenta poco y haya sido uno de sus fundadores.  Buscó el Quijote de la mancha e hizo algunas anotaciones. Antes de retornar a su casa le solicitamos que nos hablara un poco sobre las fiestas de la danza del sainete en Girardota. Su palabra, con el cuidado de siempre, fue clara y reflexiva. 

viernes, 2 de diciembre de 2016

Juan Camilo Betancur E. y su Sociedad de muchachos invisibles




La sociedad de los muchachos invisibles es la primera novela de Juan Camilo Betancur. El texto está ilustrado por Tobías Arboleda, que logra darle, con sus trazos, un atractivo singular a la obra. Es un texto que lo narra un personaje cercano a los cincuenta años y cuenta sus peripecias en la adolescencia. Desde esta edad puede reflexionar con más herramientas lingüísticas sobre su dificultad de encontrar su lugar en el mundo. Este hecho, lo llevó a sentirse que no era tomado en cuenta. Por lo tanto, funda una sociedad de chicos incomprendidos dispuestos a ajustar cuentas con la realidad que habitan.
Esta novela se publica gracias a la Convocatoria Pública en Cultura y Patrimonio 2016 otorgada por el Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia. 
El lanzamiento se hará el próximo 7 de diciembre a las 4.00 pm en el auditorio de la Biblioteca Pública Municipal de Girardota. 

A continuación, el capítulo cinco de la novela. Esperamos lo disfruten. 


5
Hay imágenes que uno ve continuamente y con los años logra darles un sentido. Es como si viera de nuevo lo mismo. Por ejemplo, de joven, las veces que me quedaba en el jardín, observé este episodio: una abeja pasaba por una flor y luego partía. Como si entre ambas hubiese un acuerdo, un equilibrio. Algo así sucede con el amor. Las personas se encuentran para compartir un tiempo determinado. Así como la abeja se traslada a otra flor, uno encuentra otra persona. Sin embargo, en la juventud uno no entiende esas cosas. A esa edad el amor, o lo que se cree que es, es una sensación corporal que se conoce cuando se experimenta. Y yo deseaba en lo más profundo encontrar esa compañera que me ayudara a entender las ganas incontrolables de poder entrar en el misterio que esconde la ropa interior; y más me ensoñaba en el roce de la piel, en el beso prolongado, en la caricia lenta… Entre tanto, lo que proyectaba en mi imaginación eran ensoñaciones que no dialogaban con la realidad. A esa edad, la fuerza misteriosa del deseo te asalta y te precipita y te hace creer que la urgencia de piel es un sentimiento incontenible. Como no hay una experiencia corpórea que ayude a diferenciar el deseo del amor crees que el frenesí es elevado y profundo. Entonces empiezas a contradecirte sin importar lo que suceda porque vas como un cohete tras una ilusión, tras un espejismo. Por esos días había llegado al pueblo una mujer hermosa e inalcanzable para mis atributos. Ella vivía en las afueras. Su casa estaba ubicada al frente de una montaña, rodeada por un cafetal. La primera vez que la vi ella iba con un vestido y unas gafas oscuras. Al verla todo se paralizó porque ella era el movimiento. Su figura era un espectáculo. Su cuerpo se balanceaba de un lado a otro con movimientos serpenteantes. Por donde pasaba, como si tuviera una fuerza magnética, los hombres la miraban. Empecé a seguirla con cierta distancia. Conocía un camino que llevaba a un lugar estratégico en la montaña, entre los cultivos de café. Cierta vez vi a varios chicos merodeando, entre ellos, Ramiro. Me acerqué. Dejé la bici escondida. Conocía el terreno como la palma de mi mano. Se me ocurrió la idea de un fantasma. Cuidadosamente me quité la camiseta blanca y la amarré en un extremo de una vara de unos dos metros de larga. Introduje otras varitas más delgadas por las mangas de la camisa y las amarré. Después recolecté un buen arsenal de piedras que apilé en lugares estratégicos. Alcé la vara con la camisa y la sostuve de la horqueta de un árbol. Esperé a que Ramiro y sus amigos estuvieran cerca. A los minutos un chico que no conocía se detuvo en su bici y al instante gritó. Los seis muchachos se detuvieron. Con una piedra en la mano apunté a una de las bicis. El proyectil se estrelló contra una de las llantas. Ellos gritaron al ver un ser extraño moverse. Corrí tras ellos, por entre el cafetal, tirándoles piedras y con dolor de estómago de reírme. Esperé a que estuvieran lejos para buscar la bici y pasé tranquilo y victorioso por la casa de la vecina.
Durante días la vigilé hasta que una tarde, un hombre, el dueño de un billar, llegó a su casa y la saludó besándola en la boca. Entraron. A los veinte minutos salió el hombre arreglándose la cremallera y se fue. A los días volvió otro hombre distinto y sucedió lo mismo. No entendía lo que pasaba, pero sentía que ninguno la quería como yo por lo que decidí tomar cartas en el asunto. Una tarde, cuando volvía el dueño del billar, repetí lo del fantasma. Pese a todo, el hombre sacó un machete y buscó el espanto. Corrí cafetal arriba. Cuando creí que me iba alcanzar tropecé y caí en un hueco. Me llevé las manos a la boca para evitar que escuchara mi respiración. El hombre pasó cerca maldiciendo. Cuando se fue, a los minutos, salí afligido del agujero. 
Una mañana ideé un plan para llegar hasta ella y confesarle mi amor. Así, los otros hombres la dejarían en paz. La clave estaba en el semen. En el baño me eché jabón en el miembro. Me estregué… Quedé limpio y sin deseo. El líquido quedó en la palma de la mano. Lo miré. Lo volví a mirar. Mi deseo olía a eucalipto y almidón. Consideré que así como las flores huelen nosotros también tenemos aroma. Como las flores trasmiten en su olor tranquilidad y armonía yo podría trasmitir amor y deseo. No sentí descabellado acudir a mi fragancia. Pensé: “En mi olor, sin necesidad de palabras, quedan mis intenciones y la vecina, sin darse cuenta, las absorbe. Entonces mi aroma va directo a su cerebro donde mi deseo se mezcla con sus pensamientos y de golpe me ve más atractivo”. De esta forma, la vecina sabría el motivo de la visita. Mientras imaginaba lo que podría suceder me eché una gotita del líquido detrás de la oreja, en el cuello, en la coyuntura del brazo y el antebrazo. Salí del baño y silbando me peiné, me vestí y me despedí de mamá. Monté en la bici. Dejé mi vehículo estacionado en el corredor de su casa. Ella estaba lavando ropa en un tanque que tenía a un extremo una superficie plana, roñosa, en la que estregaba cada prenda enjabonada. Al verme sonrió y siguió en su tarea. Su cuerpo se insinuaba bajo el vestido. Su piel se veía un poco más oscura con el reflejo del sol. Sus omoplatos danzaban al ritmo del sonido de sus manos al estregar la ropa. Sus caderas, anchas, se balanceaban lentamente…

―Hola, hasta que te animas a entrar. Dime, en que puedo ayudarte ―dijo sin mirarme, pero me asusté porque no sabía qué decir.
―Ehhh… es que-que yo… ehhh… vine a sal-salvarla de todos esos hombres...
― ¿Cuáles hombres?
―Los que-que te visitan.
―Ah… entiendo… de modo que has estado observándome. Eres un chico malo. Y no te preocupes que esos hombres, como los llamas, no me molestan. Ellos, como tú necesitan, quién los reprenda ―afirmó mientras colgaba la camisa que enjuagaba de un alambre y se sentaba a mi lado.
―Entonces ellos no… la mo-molestan.
―Ahora, dime, ¿cómo pensabas defenderme? ―expresó cerca de mi oído. Sus palabras dulces como terroncitos de azúcar en los tímpanos.
―Bueno, creo que te defende-dería siendo tu novio ―repuse con voz temblorosa y con un ardor en el estómago.
―No creo que tu mamá esté de acuerdo con que me visites. Deberías estar con mami y no aquí buscando lo que no se te ha perdido. Ahora dime, cómo te llamas ―respondió mientras pasaba su lengua por mi oreja.
―Florentino… ―sentí su aliento y de inmediato tomé una de sus manos y la llevé entre mis piernas. Ella apretó con tanta fuerza que grité: ¡Basta! Con los ojos encharcados tomé la bici y marché. Llegué a mi cuarto y me encerré a mirar el techo. Al rato llegó la vecina y habló con mi madre:
―Florentino abre la puerta que necesito hablar contigo ―dijo varias veces mamá. Cuando salí la vecina me miraba con una sonrisa infantil y maliciosa. Esperaba que me disculpara. Argumenté que no la había ofendido. Por tanto mi madre se enojó y me ordenó volver a la habitación. También estaba molesta porque la mamá de Ramiro le había dicho que yo lastimé a su hijo. Estuve llorando un rato. Aproveché un descuido de mamá y salí de casa imaginando que me largaba para siempre. Caminé hasta una manga y subí a un naranjo. Tomé una naranja y con los dedos le quité la cáscara. El sumo bajó por mi antebrazo. Deseé irme de la casa porque mamá no entendía que eran inevitables esas ganas del cuerpo de la mujer. De poder manejarlo no me sentiría tan solo. Estaba solo. Nadie podía entenderme. Mi soledad dolía. Era como una enfermedad incurable, un tipo de cáncer para el cual no existía medicina. Cuando me calmé y volví, mamá estaba sentada en la sala, frente a una veladora. Me dijo que me hiciera al lado de ella. Después tomó una de mis manos. Preguntó qué me pasaba. Estuve callado. Habló de Dios y respondí que él no me escuchaba. Pues se había llevado al abuelo, había confundido a mi padre y a mí me impedía acercarme a cualquier mujer. Mi madre se ofendió y volvió a enviarme al cuarto.
Entré a la habitación y cerré la puerta. Me cubrí con las cobijas hasta la cabeza y de tantas cosas que imaginé para escaparme de la casa me fui quedando dormido. 
A la mañana siguiente, en el colegio, Jairo me acompañó a la casa de la susodicha. Observamos un rato. Jairo se acercó con sigilo hasta la puerta. De su bolsillo extrajo una navaja y un alambre. Los introdujo en la chapa y abrió sin dificultad. Vi una cama y sobre la baranda unas tangas azules. Jairo sonrió y las guardó en uno de sus bolsillos. Luego revisó en la mesa de noche. En ese momento sentimos ruidos. Empecé a temblar. Jairo me indicó que lo siguiera. La mujer abrió la puerta de la cocina. Aprovechamos para escapar. Llegamos a un arroyo y Jairo me entregó las tangas. 

―¿Qué hago con-con ellas?
―Ese es tu asunto. Las puedes oler en la noche y pensar en la dueña. Como quieras… eh… podemos hablar de otra cosa… mira… Florentino, quería contarte algo. Es que mi abuela ya está muy anciana y sola. Mi papá hace años no me visita y mi mamá vive con otro hombre. Mi abuela dice que el papá de Carlos puede darme trabajo. Yo no quiero trabajar. Quiero conseguir dinero, mucho dinero, comprarme una casa, varios carros, y sin trabajar. Mi abuela no entiende. A veces me siento tan solo. A nadie le importa lo que yo haga. A veces quisiera que mi mamá me reprendiera como lo hace la tuya. A veces, y esto es extraño, parece que nadie me ve.
Ante esa declaración sentí en el pecho una especie de aguijón. Hay momentos en que las palabras no ayudan para la angustia, sobre todo cuando es una sensación compartida. Lo único que hice fue acostarme sobre una roca. Cerré los ojos. Escuché el agua del arroyo: su cauce como viento líquido. Jairo también se acostó y observaba una tela de araña donde una mosca intentaba escaparse. La araña acudió al instante y la inmovilizó. Mientras tanto, me llevé las tangas a las narices. Respiré profundo. Un olor a blanqueador y a pétalos de rosa entró por las fosas nasales. Imaginé que era una abeja que le extraía la miel a la flor azul que tenía en mi rostro.